Fábulas de Esopo

Seguramente has escuchado a Esopo como uno de los autores más reconocidos del género de las fábulas. Es importante mencionar que Esopo, fue un fabulista de la antigua Grecia y que sus obras datan de la época Antes de Cristo. Según algunos datos que han perdurado en la historia, este autor posee más de 200 fábulas atribuidas a su obra. Fantástico, ¿no?

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Actualmente se pueden encontrar muchas versiones de las fábulas pertenecientes al Libro de Esopo, es por eso que para hacerte más fácil el trabajo, hemos recolectado aquellas que son más populares y que dejan muy buenas enseñanzas o moralejas para tus niños. Vamos a dar un recorrido sobre las mejores fábulas de este autor griego.

Fábulas populares de Esopo

El ciervo en el pesebre de los bueyes

Un ciervo perseguido por la jauría y ciego por miedo al peligro que se encontraba expuesto, llegó a una granja y se escondió entre unas pajas en un cobertizo para bueyes. Uno de los bueyes, amablemente le dijo:

-¡Oh, pobre criatura! ¿Por qué de esa forma, has decidido arruinarte, y venir a confiarte a la casa de tu enemigo?

Y replicó el ciervo:

-Permíteme amigo, quedarme donde estoy, y yo esperaré la mejor oportunidad para poder escapar.

Al finalizar el día, llegó el arriero a alimentar a los animales, sin darse cuenta de la presencia del ciervo que se estaba escondiendo. Incluso pasó con varios de sus empleados, pero ninguno notó al ciervo escondido. Éste último, asumió que todo tipo de peligro ya había pasado, y aprovechó para agradecer a los bueyes con ayudarlo en los momentos que necesitó. En eso, uno de los bueyes le advirtió:

-Queremos tu bienestar, pero tengo que decirte que el peligro aún no termina. Todavía falta otro empleado por revisar el establo, que es conocido por tener cien ojos, hasta entonces no puedes decir que estás fuera de peligro.

Al momento ingresó el dueño, y quejándose de que no habían alimentado bien a los bueyes fue al pajar y exclamó:

-¿Por qué falta paja aquí? Nisiquiera hay para que se echen.

-¡Y esos vagos  nisiquiera limpiaron las telarañas!

Y mientras seguía examinando todo lo que estaba en el establo,vio entre las pajas la punta de una cornamenta, lo que le dio la idea de que allí había un ciervo escondido. Entonces llamando a sus empleados, ordenó la captura del animal y su posterior sacrificio.

Moraleja: nunca te debes refugiar en territorio de tus enemigos. Trata de mantenerte siempre al margen de aquellas personas que tienen intenciones negativas contigo.

El león y el mosquito luchador

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Un mosquito se acercó a un león y le dijo:

-No te temo, y además, no eres más fuerte que yo. Demuéstrame si piensas lo contrario, ¿Que arañas y muerdes, y dicen que eres el más fuerte de la selva? ¡Eso también lo puede hacer una mujer defendiéndose de alguien que la ataca! Yo puedo ser más fuerte que tú, y si quieres, te lo puedo demostrar en un combate. Tengo habilidades que serán mejores que las que dices tener.

Y haciendo sonar su zumbido, se abalanzó sobre el león, picándole repetidamente al rededor de la nariz.

El león comenzó a arañarse para deshacerse del molesto mosquito, hasta que se vio en la necesidad de renunciar al combate. El mosquito victorioso hizo sonar de nuevo su zumbido; y sin darse cuenta, de tanta alegría, fue a enredarse en una tela de araña.

Al tiempo que era devorado por la araña, se lamentaba de que él, que luchaba contra los más poderosos venciéndolos, fuese a perecer en manos de un insignificante animal: la araña.

Moraleja: no importa de que magnitud y que tan recurrentes sean los éxitos que cosechas en tu vida, siempre debes tener gran cuidado con que la dicha por haberlos obtenido, no arruine todo el momento.

El águila, la gata y la cerda salvaje

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Un águila hizo su parada en lo más alto de un roble; una gata, habiendo encontrado un agujero conveniente, se asentó en el medio del tronco; y una cerda salvaje, con sus crías, tomó refugio al pie del árbol en cuestión.

La gata, hábilmente resolvió a destruir esta comunidad casual. Para realizar su diseño, subió a la estancia del águila, y le dijo:

-La destrucción viene para usted, y para mí también,aunque sea lamentable. La cerda salvaje, a quien usted ve diariamente escarbando la tierra, busca destruir el roble, y a su vez quiere convertir a tu familia en alimento y provisiones para ella. No te confíes.

Habiendo asustado al águila, ella se arrastró abajo a la cueva de la cerda y dijo:

-Sus bebés están en peligro; posiblemente no se ha dado cuenta, pero cada que sale a hacer alguna diligencia, el águila se encuentra al pendiente de sus crías para convertirlas en su alimento.

También logró su cometido al infundir terror en la cerda, por lo que la gata se fue y simuló esconderse en el hueco del árbol. Se asomó la noche y ella salió sigilosamente. obtuvo el alimento para ella y sus pequeñas crías, pero fingiendo tener miedo por lo que había contado antes, ella guardó vigilancia hasta el final del día.

Tanto el águila como la cerda, se quedaron quietas sin salir de sus lugares, pues estaban muy aterrorizadas por lo que les había dicho su compañera la gata, no era para menos, pues representaba una pérdida de cosas importantes. Y así, ambos, junto con sus familias, fallecieron del hambre, y se convirtieron en provisión amplia para la gata y sus gatitos.

Moraleja: nunca te dejes convencer de personas que vienen con falsos argumentos a atemorizarte sobre cualquier hecho, persona o situación, recuerda que pueden buscar solo tu ruina y destrucción.

El pavo real y Hera

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El pavo real hizo la queja a la diosa Hera que, mientras el ruiseñor cantaba hermoso y complacía a quienes lo escuchaban, apenas abría su boca, era el hazmereir de todos quienes lo oían.

La diosa, para consolarlo, le dijo lo siguiente:

-Pero tu eres excelentemente excedido en belleza y tamaño. El esplendor de la esmeralda brilla en tu cuello y despliegas una cola magnífica con ese plumaje pintado.

-¿Pero con qué objetivo tengo yo, -dijo la ave, -esta belleza muda mientras soy superado en el canto?

-La función de cada uno, -contestó Hera, -ha sido adjudicada por la voluntad de los destinos, a ti, belleza, al águila fuerza, al ruiseñor canto, al cuervo augurios favorables, y a la corneja, augurios desfavorables. Y todos deben estar contentos por los atributos asignados.

Moraleja: siempre debes ser conciente y realista sobre cuales son tus capacidades, virtudes y habilidades, la idea es que puedas emplearlas o utilizarlas de la mejor manera posible, a tu favor, con plena satisfacción.

La víbora y la culebra de agua

Una víbora acostumbraba a beber agua de un manantial, y una culebra de agua que habitaba en él, trataba de impedirlo, indignada porque la víbora, no contenta con reinar en su campo, también se llegase a molestar su dominio.

A tanto le llegó el enojo, que convinieron en librar un combate: la que consiguiera la victoria  entraría en posesión de todo.

Fijaron el día, y las ranas, que no querían a la culebra, fueron donde la víbora, excitándola y prometiéndole que la ayudarían a su lado.

Empezó el combate, y las ranas, no pudiendo hacer otra cosa, solo lanzaban gritos.

Ganó la vibora y llenó de reproches a las ranas, pues en vez de ayudarle en la lucha, no habían hecho más que dar gritos. Respondieron las ranas:

-Pero compañera, nuestra ayuda no está en nuestros brazos, sino en las voces.

Moraleja: en la lucha diaria de la vida, es igual de importante el estímulo, que la acción.

El ratón campestre y el cortesano

Un ratón campesino tenía por amigo a otro de la corte, y lo invitó a que fuese a comer a la campiña. Más como solo podía ofrecerle trigo y yerbajos, el ratón cortesano le dijo:

-¿Sabes amigo, que llevas una vida de hormiga? En cambio yo posea bienes en abundancia. Ven conmigo y a tu disposición los tendrás.

Ambos amigos partieron a la corte, y el ciudadano le mostró varias cosas que había recogido como el queso, frutas y miel. El ratón del campo estaba maravillado con todos esos objetos, bendecía a su amigo pero renegaba de no tener la misma suerte. Cuando ya estaban en el compartir de los alimentos, un hombre abrió la puerta repentinamente. Con temor, los dos ratones se lanzaron a los agujeros a esconderse. Pero luego volvieron a buscar los alimentos que habían quedado, pero nuevamente entró una persona al lugar y debieron esconderse rápido. El ratón del campo, por un momento se olvidó de su apetito, y dijo a su amigo:

-Adiós amigo, veo que comes hasta hartarte y que seas muy satisfecho; pero es al precio de mil peligros y constantes temores. Yo, en cambio, soy un pobrete y vivo mordisqueando la cebada y el trigo, mas sin congojas ni temores hacia nadie.

Moraleja: siempre será tu decisión elegir el disponer de ciertos lujos en tu vida, y ventajas que siempre van unidos a congojas y sosobras, o vivir un poco más austeramente pero con más serenidad.

El zapatero convertido en doctor

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Erase una vez, un zapatero que se encontraba un poco frustrado, ya que su oficio lo tenía constantemente en la pobreza y con hambre. Fue en ese momento en donde decidió practicar el ser doctor en una ciudad donde nadie sabía quien era. Optó por vender un medicamento que prometía curar todos los venenos. Pero resulta que el zapatero, cayó enfermo de gravedad, y allí el gobernador de la ciudad quiso probar sus habilidades como el profesional que decía ser.

Como recompensa ofreció al zapatero que tomara una mezcla de veneno, con el antídoto que éste vendía por las calles de la ciudad, solo así mediría sus habilidades. Pero el zapatero tenía miedo, por lo que admitió que no sabía nada de medicina, y que solo se había hecho conocido por lo que se decía en las calles. El gobernador llamó a una asamblea pública y dijo a los ciudadanos:

-¿De que locura han sido culpables ustedes? -ustedes no han vacilado en confiar sus cabezas a un hombre, que nadie podría emplear ni siquiera para hacer los zapatos para sus pies.

Moraleja: debes tener en cuenta, antes de engañar a cualquier persona, que los farsantes e impostores, siempre serán víctimas de sus propios engaños y mentiras. La vida es como un boomerang, y las mismas acciones que das, son las que se devuelven.

El perro de pelea y los perros sencillos

Un perro había sido muy bien alimentado en una casa y fue adiestrado para luchar contra las fieras.

Un día, al ver un gran número de ellas colocadas en fila, rompió el collar que le sujetaba y rápidamente echó a correr por las calles del pueblo. Lo vieron pasar otros perros de la zona, y viendo que era fuerte como un toro, le preguntaron:

-¿Por qué corres de esa manera?

-Se que vivo en la abundancia, sin hambre, con mi estómago siempre satisfecho, pero también siempre estoy cerca de la muerte combatiendo a esos osos y leones, respondió.

Entonces los otros perros sencillos le contestaron:

-Nuestra vida en verdad es pobre, pero más bella, sin tener que pensar en combatir con leones y osos.

Moraleja: las grandes ganancias en la vida, siempre van acompañadas de grandes riesgos. Lo importante es saber si de verdad vale la pena lo que vamos a obtener, en comparación con el riesgo que debemos asumir para lograr tenerlo.

El león enamorado de la hija del labrador

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Un león se enamoró de la hija de un labrador, y se tomó el atrevimiento de pedirle matrimonio.

El labrador estaba confundido, porque no se atrevía a darle su hija a uno de los animales más feroces de la selva, pero tampoco a negársela por el mismo miedo que le tenía. En vista de la situación, le surgió la idea de decirle al león que si quería a su hija, tenía que cumplir con la siguiente condición:

-Debes cortarte los dientes y las uñas, dijo. Porque eso era lo que podía hacerle daño a la hija

El león aceptó los sacrificios porque en verdad la amaba.

El león cumplió la promesa que había hecho, pero no esperaba que al volver a presentarse sin sus armas de defensa como las uñas y los dientes, el labrador lo despidió a golpes y deshizo de la vida de su hija, sin importar la promesa que habían hecho antes.

Moraleja: no trates de siempre fiarte demasiado como para terminar despojándote de tus propias armas de defensa, ya que fácilmente serás vencido por las personas que antes te tenían respeto y admiración.

El pajarero, la perdiz y el gallo

 

Érase una vez, un pajarero que se encontraba sentado esperando una comida de hierbas, pero la trampa que había hecho para cazar aves, la cual estaba totalmente vacía. En ese momento le surgió la idea de matar a una perdiz, que previamente había domado para usarla como señuelo de sus otras presas.

Al saberlo, la pequeña ave le suplicaba por su vida diciéndole:

-¿Qué harías sin mí cuando te toque extender las redes? ¿quién le piaría para dormirlo, o quién llamaría al grupo de aves para que lleguen?

El hombre reflexionó un poco y le salvó la vida. En lugar de ella, prefirió escoger a un gallo fino que se encontró en el camino.

Pero el gallo también le comenzó a implorar por su vida, diciéndole:

-¿Si me matas quién le servirá como despertador todas las mañanas para el recuerdo de visitar la trampa para aves y ver que has obtenido en el día?

El hombre contestó:

-Tienes razón. Eres una ave de gran relevancia en el desarrollo de mis actividades diarias. Pero lamentablemente mi amigo y yo necesitamos alimentarnos, y sin tu sacrificio eso no sería posible.

Moraleja: la necesidad no siempre acepta razones, y eso lo saben las personas que en algún momento se han visto en la necesidad de pasar por situaciones que no necesariamente van acorde a sus valores, creencias o principios, pero obligatoriamente han tenido que aceptar.

El roble y las cañas

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Un roble muy grande, pero con raíces muy pobres, fue desarraigado por el viento y lanzado a través de una corriente.

El cayó entre algunas cañas, a las cuales les dijo:

-Ustedes son realmente pequeñas y débiles, no entiendo como no han sido completamente aplastadas por los vientos fuertes que soplan en esta zona.

A lo que ellas contestaron:

-Sin tener buenas raíces, usted lucha y compite contra el viento, y por consiguiente es derribado; mientras que por el contrario, nosotras nos doblegamos ante el menor soplo de aire, y por lo tanto permanecemos intactas, y nos salvamos.

Moraleja: con la finalidad de no sufrir privaciones delante de los actos arbitrarios del poderoso, hay dos opciones: colaborar con él, o prepararse con mucha fortaleza y razones para afrontarlo sin ser derribado.

Hermano y hermana

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Esta era la historia de un padre que tenía un par de hijos, el varón tenía un buen físico, mientras que la niña no era tan agraciada físicamente. Un día los pequeños hermanos se encontraban jugando, y se toparon con un espejo en el que se miraron al mismo tiempo estando juntos. El niño se sorprendió y congratuló de su apariencia simpática, pero la niña se puso molesta interpretando las palabras de su hermano como ofensas. En ese momento corrió a donde su padre a acusar y pedir que su hermano fuera castigado, se sentía muy ofendida. El padre al ver la situación, los abrazó a ambos, dándole besos y afecto a los dos sin distinguir o destacar a ninguno. Les dijo:

-Deseo que ambos se examinen ante un espejo cada día: tú, mi hijo, no debes estropear tu belleza con una mala conducta, y tú, mi hija, puedes compensar tu carencia de belleza con otras grandes virtudes.

Moraleja: siempre debemos procurar respetar las cualidades, defectos y virtudes que poseen las demás personas. Tampoco debemos maltratar al prójimo presumiendo vanidosamente de las ventajas que poseemos cada uno.

El caballo y el asno

Un hombre tenía un caballo y un asno. Un día que ambos iban camino a la ciudad, el asno, sintiéndose cansado, le dijo al caballo:

-Si quieres que mi vida se mantenga, toma una parte de mi carga.

El caballo, haciéndose el sordo no dijo nada y el asno cayó víctima de la fatiga y el cansancio por lo que ya había advertido, y murió al instante. Entonces el dueño echó toda la carga encima del caballo, incluso la piel del asno que acababa de fallecer, a lo que el caballo suspirando dijo:

¡Qué mala suerte tengo! Por no haber querido cargar con un ligero paquete, ahora tengo que cargar con todo, y hasta con la piel del asno encima.

Moraleja: cada vez que no tiendes tu mano para ayudar a alguien cuando tienes la posibilidad a alguien que honestamente te lo pide, sin que lo notes en ese momento, en realidad te estarás perjudicando a tí mismo y esta mala acción podría devolverse tarde o temprano.

El orador Demades

El orador Demades hablaba un día a los ciudadanos de Atenas, mas como no prestaban mucha atención a su discurso, pidió que le permitieran contar una fábula de Esopo. Concedida la demanda, empezó de este modo:

-Demeter, lo golondrina y la anguila viajaban juntas un día; llegaron a la orilla de un río; la golondrina se elevó en el aire, la anguila desapareció en las aguas. –y aquí se detuvo el orador.

-¿Y Demeter? –le gritaron. ¿Qué hizo?

-Demeter montó en cólera contra vosotros- replicó, porque descuidaís los asuntos de Estado para entreteneros las fábulas de Esopo.

Moraleja: eso sucede entre la gente muy comúnmente: prefieren darle atención únicamente al placer dejando de lado las cosas realmente necesarias. Cuidémonos de no caer en ese error. Compartamos equilibradamente el deber y el placer.

Como lo has podido ver, Esopo fue un gran autor del género de las fábulas y dejó un legado importante que hasta el día de hoy se mantiene y se divulga materializado en estos hermosos trabajos que muestran enseñanzas que obtenemos del día a día, específicamente de situaciones muy típicas.

Te invitamos a visitar nuestros otros artículos relacionados con las fábulas en los que podrás observar trabajos, no solo de Esopo, sino también de otros grandes exponentes de este género, y que serán de mucha ayuda para las tareas de tus niños o simplemente para leerles por la noche.

 

Fábulas de Esopo
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